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Muinn (La Vid)*

Al tratar sobre este mes arbóreo celta, que es el décimo. Me asaltó una duda
de la que hice partícipe a nuestra apreciada hermana y colaboradora Alicia,
nombre celta caersidi o Ban Easogh Pues sabiendo que la vid o parra, no es
natural de Irlanda ni tampoco de Inglaterra, me asaltaba la duda de sí
Muinn, se debía traducir como parra o vid o quizás como zarzamora. Varios
autores e investigadores
dan una u otra traducción. Sea que, empezamos esta serie de entes arbóreos,
en parte debido al interés que nos suscitó en su día el orden establecido
por el escritor Robert Graves y dado que él lo traduce como vid, vamos a
respetar esta traducción y hablaremos de la Vid, tal y como Ban Easogh, ha
hecho. Este escrito que sigue a continuación es un complemento a lo ya
expuesto por ella.

*Una breve descripción:*

Creo que todos conocemos y sabemos reconocer una vid o parra y su fruto, por
ello no me voy a extender en su descripción, simplemente haré un breve
repaso.

La vid o parra es un arbusto trepador y vivaz de la familia de las Vitáceas.
Su tronco es retorcido, y sus vástagos largos, flexibles y nudosos. Sus
hojas son grandes y partidas en cinco lóbulos puntiagudos con flores de
pequeño tamaño verdosas agrupadas en racimos compuestos.
Las hojas, tienen varias funciones. Son los órganos más importante de la
vid, pues realizan las funciones vitales del arbusto: La transpiración, la
respiración y la fotosíntesis. Es en ellas, en las hojas, donde, a partir
del oxígeno y el agua, se forman las moléculas de los ácidos y azúcares, que
se van a acumular en el grano de la uva dándole su sabor.

Cuando el calor comienza a hacerse notar, la savia se pone en movimiento y
se produce el denominado lloro de la vid que se expresa a través del fruto.
La uva nace muy verde, sin madurar, y conteniendo de una a cuatro semillas
leñosas. Este fruto posee una gran carga de ácidos tartáricos, málicos y en
menor cantidad, cítricos.
La vid cultivada, que como hemos apuntado pertenece a la familia de las
Vitáceas, y al género Vitis produce dos subgéneros, Muscadinea y Euvitis,
que son los únicos que tienen interés en la viticultura. El subgénero
Euvitis, es el más importante para el cultivo, y se subdivide en tres
grupos:

-Grupo de Asia Oriental: más de 20 especies, sin importancia en la
viticultura actual.

-Grupo Americano: más de 20 especies. Es importante en viticultura por
registrarse en la constitución de la mayoría de los injertos que superaron y
evolucionaron ante la filoxera que arrasó los viñedos europeos en la segunda
mitad del Siglo XIX.

-Grupo Europeo: con una especie Vitis Vinífera a ella pertenecen la
totalidad de las cultivadas en Europa y en casi todo el mundo.

El número de variedades cultivadas en el mundo se sitúa entre 7.000 y
10.000y su diferenciación responde a caracteres morfológicos y
específicos como
son: el patrimonio hereditario, la acción del medio y del hombre.

La historia de la vid, es tan antigua como la humanidad. Por ello ha marcado
un carácter concreto a las civilizaciones y a los pueblos que han sabido
cultivarla. En épocas prehistóricas ya sabían con toda seguridad cómo
cultivarla, prueba de ello es que los arqueólogos han hallado fósiles que lo
demuestran. Antiguos escritos de culturas arcaicas, como las tablas de
arcilla cuneiforme de Babilonia, o los
papiros del antiguo Egipto, ya mencionan el fruto fermentado de la vid.
Los cristianos ha intentado transmitir el simbólico concepto de la vid y el
vino, diciéndonos también que fue Noé, quien bajo inspiración divina lo
descubrió.
La realidad se aleja mucho de tal acontecimiento pues la vid y la
elaboración del vino fue una práctica corriente en Oriente Medio y parte de
la China ya 3000 años antes de Jesucristo. Una de las más conocidas fue la
Kankomet que se cultivaba en los viñedos de Ramsés III (1198-1167 a. C.), en
Egipto.
La evidencia más antigua del cultivo de Vitis viníferase remonta al cuarto
milenio a. C., en la antigua Mesopotamia, en la zona que hoy podríamos
considerar el actual Irán, donde se halló un ánfora con una mancha de vino.
Ésta ánfora ha sido datada en el año 3500 a.d. EC.
La vinicultura llegó a Europa después de Egipto, Grecia y España.
En Asia el cultivo de la vid prosperó en las márgenes del golfo Pérsico, en
Babilonia, Fenicia y Asiría, en las orillas del Mar Caspio, Mar Negro y Mar
Egeo, así como Palestina.
En los bajorrelieves asirios, en las pinturas funerarias egipcias y en las
tablillas halladas en Cartago, en Túnez y en Marruecos, también se
encuentran alusiones a la vid y al vino.
Una vez llegada a Roma y siguiendo las invasiones romanas, el vino penetró
en las Galias y remontó el Ródano hasta Lyon, alcanzó la Borgoña, Burdeos y
llegó hasta el Rin, pasando por entre los celtas helvecios.
Apreciado por galos y germanos, su consumo se generalizó. Ya en el Siglo
III, de la EC, el viñedo ocupaba en Europa las mismas regiones que hoy,
debido en parte a que el emperador Marco Aurelio, cuando las contingencias
de sus guerras se lo permitían, transformaba a guerreros vencedores y
vencidos en viticultores, como una forma más
de apaciguar a los aguerridos celtas y germanos, al mismo tiempo que para
aumentar el comercio para la grandeza del Imperio y evitar que sus propios
legionarios sin guerras donde luchar, causaran sublevaciones o conflictos.
Poetas de diversas naciones se han inspirado en el fruto de la vid: el vino.
Desde Homero que citaba los afamados vinos de la antigua Grecia hasta el
celta romanizado Virgilio o Aristóteles cuando describía cómo le ponían
aromas, frutas y flores.
El primer vino que probaron los celtas galos, se dice que llegó desde Roma y
algunos, pronto se aficionaron a él. La excitación provocada por la nueva
bebida llegó a tal grado que algunos jefes de tribu, en especial en el Norte
de la Galia, tomaron cartas en el asunto prohibiéndola ya que les perturbaba
la razón y les hacía en exceso locuaces. Los galos aclimataron la viña para
estupor de los romanos,
quienes no creían que pudieran crecer en tan altas latitudes. Con el tiempo
llegaron a conseguir tan buenas vides y vinos, que los propios romanos
fueron sus mejores clientes. Incluso se dictaron leyes para proteger a la
vid romana y su cultivo .
El comienzo del cultivo de la vid en la Galia celta es un tema
controvertido. Hay evidencias que sugieren que los colonizadores griegos de
Massalia (Marsella) fueron quienes introdujeron el vino en el país, aunque
hay quien cree que la viticultura celta sobre la que no existe registro o
evidencia alguna, aparte de pepitas de parra silvestre, fue anterior a la
griega.
Una vez asentado su consumo entre los celtas, el producto resultante de
cultivar la vid y obtener su fruto y su posterior fermentación; es decir, el
vino, llegó a ser la bebida preferida por los dirigentes tribales y reyes
especialmente, pero el pueblo siguió tomando la cerveza de trigo mezclada
con miel, llamada corma que era la
mas consumida en los banquetes celtas.

Posidonio dice de los galos: El licor que se bebe en casa de los ricos es
vino traído de Italia y del país en torno a Marsella, y se bebe sin mezcla;
en ocasiones se añade un poco de agua. Entre los menos favorecidos se bebe
una cerveza hecha de trigo, con miel añadida, aunque la masa la bebe sola.
Se llama corma. Beben a pequeños sorbos de la misma copa, pero lo hacen de
forma bastante frecuente. El esclavo trae la bebida de izquierda a derecha y
de
derecha a izquierda: tal es la manera en que se sirve. Igualmente, veneran a
los dioses, volviéndose hacia la derecha (Posidonio, Ateneo, 152, c-d).
Esta bebida corma no tiene nada que ver con una de las más antiguas bebidas
alcohólicas que se conocen como es el hidromiel o aguamiel, también conocida
como el méad de los celtas galeses, también utilizada por los antiguos
escandinavos, germanos y griegos. Los romanos también prepararon con miel un
vino al que llamaron hydromel.
El méad de los galeses mezclado con especias fue conocido como metheglin (en
gaélico significa para-médico) y se utilizaba por sus propiedades
medicinales y curativas.

*Aplicaciones terapéuticas:*

El zumo de los frutos es refrescante y reduce la fiebre. Es útil en los
ataques de acetona, en los vómitos y, en general, en cualquier dolencia que
precise de un alto y rápido aporte de azúcar. La hoja de parra se utiliza
para tonificar la circulación y para curar las hemorroides. El aceite de
semillas se utiliza como complemento dietético. En general, la baja
toxicidad de esta planta la hace muy saludable. El zumo fresco es ideal para
combatir las anemias, la ansiedad, el reumatismo, la artritis, la gota, la
acidez gástrica, los eccemas o incluso el acné.

La uva es saludable ya que ejerce en nuestro organismo un efecto
desintoxicante, que favorece la eliminación de toxinas al estimular el
funcionamiento del hígado, el riñón y los intestinos; protege los vasos
sanguíneos, con lo cual se previene la arterosclerosis y la fragilidad
capilar; puede ayudar a prevenir el cáncer y las enfermedades
cardiovasculares; es efectiva para combatir el estreñimiento.

Además de utilizarlas como postre, los granos de uva enriquecen ensaladas,
platos de quesos, tartas, jaleas. De sus granos secos se obtienen las pasas,
muy energéticas. Aunque se pueden encontrar desde principios de junio, las
mejores uvas son las otoñales. A la hora de adquirirlas es preciso elegir
los racimos de tallo verde y flexible y
los granos pulposos y cubiertos de un polvillo blanco.

*NUESTRA VID (MUINN)*

A pesar de no ser estrictamente un árbol, la vid tiene asignado un período
de 28 días en el calendario druídico arbóreo y en el Ogham, en el que se
llamaba Muinn, ocupa el décimo mes y abarca desde el 2 de septiembre al 29
de septiembre del calendario gregoriano. Se asocia a la escritura del sonido
M. En su periplo tiene lugar la festividad druídica de Alban Elfed, el 23 de
septiembre, que
simbolizará el crepúsculo del dios solar, ya que la luz inicia su descenso
final en su ciclo anual.
Como la vid no crecía de forma natural en las Islas Británicas e Irlanda,
sino que fue importada después de la creación del Ogham, se cree que,
originariamente, el signo Muin se refería a la zarzamora (Rubus fruticosus),
arbusto espinoso con el que también se elaboraba un vino ritual, aunque
después se asimiló a ambas plantas.
La mitología celta nos dice que fueron los Tuatha dé Danann los que llevaron
a Irlanda con su invasión, la vid.
En un inicio prosperó en algunas zonas del sur, pero no logró asentarse como
arbusto silvestre y se utilizaron las zarzamoras como sustitutas, dado que
el color de los frutos y la forma de las hojas de ambas se corresponden y el
vino de la zarzamora es una bebida alcohólica también, aunque mucho más
fuerte que los obtenidos de la uva.
Cabe destacar una especie de geis o tabú que muchos pueblos celtas tenían
con respecto al zumo de zarzamora o de la uva. Se decía que no se tomaba
pues el líquido pertenecía al pueblo de las hadas. En la Galia, parece ser
que el motivo era la locuacidad que se ganaba con su ingestión, en los ya
por sí locuaces galos.
Es preciso anotar que la mayoría de los árboles en el calendario arbóreo son
de bosque y nativos de las Islas Británicas o Irlanda, excepto la vid. Según
Robert Graves, este alfabeto habría sido traído en tiempos muy primitivos
desde zonas boscosas donde la vid se daba en estado
silvestre, y supone que haya sido desde la costa meridional del Mar Negro o
incluso Grecia.
La vid es un arbusto, considerado entre los celtas símbolo de vitalidad dado
que necesita poco agua para vivir y sólo necesita potente luz solar para dar
frutos dulces y gustosos.
La vid ha estado asociada a aspectos mágicos y sublimes entre los celtas,
pues recoge entre sus apretados racimos, la esencia y el misterio de la
vida.
Su fruto; El vino es una bebida mágica, llena de entresijos y de mística.
Una armonía perfecta entre la tribu y la naturaleza, simbiosis única, un
equilibrio natural con el entorno. La vid es mucho más que un arbusto,
representa la magia y vitalidad de nuestro pueblo, una manera de entender la
vida.
Ella, con su tronco enroscado, nos transmite como debemos emprender el
camino: como una espiral. Ascender junto a las nuevas generaciones a las que
debemos legar nuestros conocimientos. Igual que la vid, que generación tras
generación ha venido acompañándonos y enseñando a
nuestras tribus.
La tierra, en la que crece la vid, donde hunde sus raíces
ancestrales, guarda en su interior la lluvia como un tesoro y
cuando los calores aparecen se esparcen sus energías en forma de racimos con
fruto. Sus ojos se tuestan al mirar al sol y recuerdan un paisaje de memoria
milenaria, cuando evoca la vida ligada a la naturaleza y a ella misma de
nuestros antepasados. Y aún cuando está en la prisión del racimo, el
espíritu divino que anida en todo arbusto o árbol aguarda la llegada de un
hermano para ofrecerle lo que celosamente ha custodiado, para él, y para
todos nosotros.
Ya cuando es época de recolecta, las tribus acuden a recoger el codiciado y
sabroso fruto porque soñaron con una vid entre sus párpados, porque soñaron
con júbilo y alegría en sus vidas, porque soñaron con los días en que el
fruto de la vid, ya preparado serviría para sus celebraciones tribales.
En la fermentación, el espíritu divino ayuda en el misterio. Se transforma
el azúcar en alcohol y pasa de mosto a vino, de la infancia a la
adolescencia. Duerme el sagrado líquido en toneles de roble. Comienza el
envejecimiento, donde tomará su carácter y fuerza.
Dentro de las astillas de los nobles robles, duerme y mientras sueña, va
envejeciendo al lento compás del tiempo, pero siempre en el silencio y la
penumbra.
En esta vida hay otra vida. En esta dimensión hay otra dimensión.
Dentro del tiempo, hay otro tiempo, quieto, sin horas, sin peso, sin sombra,
y es el rastro de nosotros mismos. Quizá tal vez no pasa el tiempo, lo que
pasan son imágenes del tiempo. Quizá no hay espacio, son sólo percepciones
humanas.
Nace el vino, finalmente tras el largo proceso, pero más que para ser
bebido, el vino ha nacido para ser meditado en el paladar, para evocar
tierras lejanas y recordar viejos hermanos que el paso de este tiempo humano
hizo tan sabios que apenas le prestemos atención.
Cerrad los ojos como seres somnolientos. Bebed esta esencia, que es ritual
de comunión con el espíritu de la vid, con la energía divina que se halla
por doquiera y recordad que lo que se está paseando por el túnel de vuestra
garganta es mucho más que un líquido agradable.
Es, hermanos, un amigo que ha caminado junto a nosotros. Es el hijo de la
vid, que siempre ha estado en equilibrio con la naturaleza, pues forma parte
de ella y ella de nosotros como nosotros de ella.
Esta delicia de los dioses nos comunica las sensaciones agradables de lo que
siempre se halla en nuestro entorno natural. Cada gota, es lluvia recuperada
de la tierra por la mágica raíces de la vid, recogida por sus racimos y
convertida en la esencia del misterio de la vida, es alegría para nuestras
mentes atareadas y esparcimiento para el espíritu. Es el elixir mágico
conocido por sus capacidades para disolver las fronteras que existen entre
nosotros, lo que nos permite relajarnos y relacionarnos más fácilmente con
nuestros congéneres. Es el elixir que nuestros sabios druidas de antaño
consideraban como bebida divina y medio para llegar a comunicarse con las
divinidades y comprender los más profundo de sus enseñanzas y misterios. La
capacidad de actuar en mayor o menor medida sobre los modos de percepción
normales del individuo. La capacidad de alterar el estado de conciencia de
los tomadores de dichas pócimas confiere a la vid y su fruto, la capacidad
de estar animadas, porque las visiones
inducidas pueden dar lugar a la ilusión, a la intuición de ver a alguna
entidad feérica o espiritual sino divina, que vive en ellas o a la de ellas
mismas convertidas en tal entidad.

 

 

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Última modificación:  15 de abril de 2006