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El
serbal*
El serbal es un árbol bastante desconocido entre la mayoría de nosotros y,
sin embargo, tiene una particular importancia y prestigio en nuestras
costumbres.
Podríamos definirlo como un árbol, a veces arbusto, muy vinculado con la
rosa, de hecho su género pertenece a la familia de los "Rosaceae", siendo
pariente cercano también del peral, manzano y del espino.
Conocido también como fresno silvestre y fresno de las montañas, su tipo de
hoja es caduca y puede alcanzar los 15 metros de altura. Es su lugar de
origen, las altas tierras de la Europa del Norte y las tierras asiáticas,
pero ha colonizado otras tierras, encontrando gran cantidad de ejemplares en
la Cordillera Pirenaica española y por el centro peninsular.
Si nos adentramos en cualquier bosque europeo, con la intención y el ánimo
de buscar y encontrar un serbal o fresno silvestre, deberemos tener en
cuenta, que es un ente fácil de identificar: Sus hojas verdes algo vellosas
son dentadas y distribuidas formando grupos de 10 a 15 foliolos de 3 a 6
centímetros de longitud que forman una hoja.
Sus flores son blancas, a veces con un matiz cremoso, arracimadas que
florecen en mayo.
Sus frutos son muy característicos; son de forma aperada de 2 a 3 cm de
diámetro, de color rojo cuando están maduros y verde rojizo en sus fases más
tempranas, agrupados siempre en densos racimos colgantes, los cuales son
comestibles cuando maduran pero teniendo la precaución de hervirlos en caso
de consumirlos, para eliminar los restos de su toxicidad. Sin madurar el
fruto es tóxico para los humanos.
Si realizamos este proceso con el fruto del serbal, podemos elaborar
sabrosas compotas y mermeladas. Muy conocida y agradable al paladar es la
jalea de serbal que contiene una fuerte dosis de vitamina C.
Igualmente se pueden fabricar variados licores y vinos aromáticos.
Cuando su fruto es tóxico, es decir, cuando esta inmaduro, posee buena
concentración de ácido tartárico y cuando madura, las industrias del mundo
civilizado obtienen de él, sorbitol, ácido cítrico, pectina, flavonoides y
ácido málico. Sin embargo, debo dejar ya aparte las descripciones
características y de aprovechamiento para tratar al serbal desde otra visión
más espiritual, más acorde con nuestra forma de sentir y entender, la
perspectiva de los seguidores de la senda celta y druídica, que lo vemos
como un amigo y hermano y que complementa lo hasta ahora descrito.
*Nuestro Serbal*
El serbal es nuestro árbol mágico, llamado desde antiguo "Luis" por los
celtas de Erin, que en el calendario Natural, se estable en el segundo mes
lunar y se corresponde con la segunda consonante del alfabeto Ogham, la L.
Abarca un período de lunas comprendidas entre el 21 de enero y el 17 de
febrero del actual calendario gregoriano o común occidental.
Nuestros más ancestrales guías; los maestros druidas de antaño, nos legaron
como herencia el concepto y la visión que ellos tenían de este místico ente
arbóreo. Lamentablemente una percepción muy diferente de la que impera hoy
en nuestras sociedades tan técnicamente evolucionadas pero tan
involucionadas espiritualmente, donde todo parece medirse y valorarse por el
beneficio material que reporta y por la estimación monetaria a la que puede
traducirse.
Para nosotros, los seguidores de la espiritualidad druídica, un serbal es,
además, la esencia de la Vida, pues éste, está entre la materia y el
espíritu, entre la Divinidad y la Humanidad.
Nuestro árbol, no es un trozo de madera con hojas donde podemos obtener
sorbitol o una buena mermelada. Nuestro serbal, es el agua de la vida que
fluye por sus vetas. Es el fuego que encierra su esencia. Es la Tierra en la
que se sumerge. Es el aire al que se dirige y del que respira. Nuestro
serbal vive y mora en el corazón del druida, alimentando nuestro espíritu.
Nuestros ancestrales druidas sabían todo esto y nos lo legaron a través de
sus Artes, cuentos y leyendas. Lo mencionaban constantemente alrededor de la
llama de una hoguera, donde ardía alguna rama que el serbal les había
regalado.
Y es que el Serbal, hermanos, transforma la relación de fuerzas de cualquier
lugar donde arraiga, de una manera que ese sitio puede convertirse en un
santuario por el influjo que ejerce conforme va creciendo.
Esta bendición se expande conforme su aura crece y su influencia mágica
puede sentirse a metros de donde se halla enraizado. En su presencia sus
revelaciones pueden conducirnos a su interior, a su esencia y ese lugar
profundo donde brota su vida, su luz y su paz. El fresno silvestre o serbal,
también denominado fresno de la montaña, es un ente místico y mágico.
Cuenta una leyenda celta que el Serbal sagrado está custodiado por un enorme
dragón verde que es un símbolo para los celtas, de la época del año en que
Giamos aparentemente reina sobre Samos. En esa época en que las apiladas
bayas rojas del serbal, dan un tono de matiz encendido a los parajes
nebulosos y grisáceos de esta mitad cíclica, aún dentro del período oscuro.
Y cuando en las noches de luna llena, los plateados rayos de la Diosa se
entrelazan con los ígneos frutos, simbolizando el proceso de germinación que
preside Brigitt, en su aspecto de fertilizadora de la Tierra fría.
Algunas leyendas cuentan que recibía el nombre de Arbol de los Susurros,
puesto que cobija secretos que revela a aquel que se acerque a su esencia y
abra su mente para recibir arcanos secretos como enseñanzas. Sus semillas
pétreas eran ingredientes del gran caldero del dios Dagda, que contenía el
secreto de la inmortalidad.
Es también la Dama de las Montañas. Y En las silvestres tierras escocesas,
en los emblemas de los tres clanes más conocidos de las Tierras Altas, se
esbozaba un dibujo de sus ramas como emblema de estos grupos; los Menzies,
los Malcolm y los Maclachlan.
Esas ramas emblemáticas son las mismas que utilizaban nuestros antecesores
druidas para protegerse de perniciosas influencias, para alejar a espíritus
desarmonizadores y discordantes o incluso para invocar a otros espíritus más
armónicos que pudieran contestar de alguna manera a complicadas cuestiones
que llevaran a la resolución de las mismas en un futuro de excesiva
incertidumbre o con demasiadas variables.
También utilizaban bandas y tiras de este árbol para controlar a animales
que habían caído bajo cualquier influencia nociva. Varitas de serbal se
colocaban sobre los difuntos cuando los cielos se llenaban de pésimos
augurios y las tormentas amenazaban con desencadenarse. Con dicho ritual,
los celtas pretendían inmovilizar a los espíritus de los fallecidos, por si
acaso pretendían cualquier acción perniciosa. Llegando incluso a clavar una
estaca sobre el cadáver para inmovilizar a su espíritu.
Su confianza en este árbol, los llevaba incluso, antes de las cruentas
batallas, contra invasores especialmente, a encender una hoguera con madera
de este árbol, para atraer a los habitantes del Otro Mundo, para que se
presentaran, apoyándolos, en la refriega contra los invasores. Pero siempre
y en cualquier época del ciclo anual, las ramas del serbal se utilizaban
sobre personas, animales u objetos para anular las fuerzas negativas que
pudieran afectarlos.
De sus bayas se obtenía una tintura con la que se elaboraba un tinte
negruzco con el cual los druidas pintaban sus vestiduras para celebrar
algunos rituales concretos, tales como eclipses y fases de la luna
menguante.
Algunos druidas, cuando alentaron a los guerreros celtas en su lucha contra
los invasores romanos, se vestían con este tipo de túnicas para en los
rituales secretos invocar a las Fuerzas Oscuras para que les ayudaran contra
el enemigo. Enemigos tanto del pueblo celta, como del panteón divino.
La magia poderosa que se asocia con este árbol es fuerte, pura y luminosa.
Es un símbolo de visión, de esos que se producen repentinamente, como la luz
del rayo. Es la Diosa Brigith, la que representa el carácter del serbal,
simbolizando el primer destello de la Luz Espiritual procedente de las
fuerzas exteriores.
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